Lesión de Isquiotibiales09/10/2019

Los músculos isquiotibiales o isquisurales son el conjunto de músculos situados en la parte posterior del muslo, entre la cadera y la rodilla. Son un grupo muscular fundamental: permiten la flexión de la rodilla, y por lo tanto andar, correr y realizar un amplio rango de movimentos con las extremidades inferiores.

El grupo muscular de los isquiotibiales está formado por el bíceps femoral, el músculo semitendinoso y el músculo semimembranoso.

Causas de las Lesiones de los Musculos  isquiotibiales

1. Hiperestiramiento

Un estiramiento excesivo del músculo. Suele darse en actividades como la danza (donde los estiramientos son muy habituales) y el fútbol (en general, deportes en los que deba chutarse un balón).

Marcelo, jugador del Real Madrid, fue baja en Abril de 2014 por una rotura de isquiotibiales.

2. Gestos Excéntricos

Sobre todo los realizados a una velocidad elevada. Habituales en situaciones de carrera sostenida, y muy frecuentes en el fútbol, por ejemplo cuando el jugador cambia de ritmo súbitamente y las tensiones que soportan los isquiotibiales entre la cadera flexionada y la rodilla extendida no se compensan de forma adecuada.

3. Lesión en Cremallera

La lesión en cremallera afecta a las cabezas larga y corta del bíceps femoral. Es la lesión más temida por futbolistas y deportistas en general, ya que es frecuente y muy compleja, engañosa y difícil de dejar atrás de modo definitivo.

Síntomas 

Existen varios niveles de gravedad en las lesiones de los isquiotibiales -desde una contractura fuerte hasta una rotura completa del músculo- y los síntomas podrán variar en función de dichos niveles.  No obstante, ciertos síntomas suelen aparecer en una gran mayoría de los casos, como por ejemplo:

  • Dolor intenso en la zona, en algunas ocasiones acompañado de un chasquido audible
  • Incapacidad para seguir corriendo o andando; es posible incluso que la pierna ceda y la persona caiga al suelo
  • Hinchazón en la zona afectada, en ocasiones con aparición de hematomas
  • Debilidad en la pierna afectada, que puede persistir mucho tiempo después de sufrir la lesión
  • Alta sensibilidad al tacto de la zona posterior del muslo
  • Inflamación de la zona afectada

Tratamiento

El objetivo inicial del tratamiento es reducir el dolor y la tumefacción. Para lograrlo, es posible que el médico te recomiende que hagas lo siguiente:

  • Suspender las actividades extenuantes para permitir que la lesión sane.
  • Utilizar un bastón o muletas para no apoyar todo el peso sobre la pierna lesionada.
  • Aplicar compresas heladas varias veces al día para aliviar el dolor y reducir la tumefacción.
  • Envolver la zona lesionada con un vendaje de compresión o usar pantalones cortos de compresión para minimizar la tumefacción.
  • Descansar con la pierna elevada por encima del nivel del corazón, si es posible, para mejorar el drenaje y minimizar la tumefacción.
  • Tomar un medicamento de venta libre, como ibuprofeno (Advil, Motrin IB u otros) o paracetamol (Tylenol u otros) para reducir el dolor y la inflamación.

Fisioterapia

Después de que el dolor y la inflamación iniciales de una lesión en los isquiotibiales disminuyen, el médico o fisioterapeuta pueden mostrarte cómo realizar ejercicios específicos diseñados para mejorar la flexibilidad y fortalecer los músculos isquiotibiales.

Cirugía

Si el músculo se soltó de la zona donde se une a la pelvis o a la tibia, los cirujanos ortopédicos pueden volver a conectarlo. Los desgarros musculares graves también pueden repararse.


Cómo prevenir lesiones de rodilla durante el entrenamiento02/10/2019

Entrenar de más, con calzado inadecuado o sobre determinadas superficies puede dañar la mayor articulación del organismo, por eso es importante prestarle atención.

1. Entrada en calor. El primer paso es calentar apropiadamente los músculos, elongarlos, antes de salir a trotar.

2. Prácticas variadas. Respetar los ritmos de entrenamiento, tomar tiempos de descanso, prestar atención a si surge algún tipo de dolor y parar inmediatamente, variar los ejercicios para trabajar en cada sesión distintos grupos musculares y al final lograr un adecuado equilibrio muscular y también es una buena idea hacer distintos deportes.

3. Peso y calzado adecuado. Es fundamental mantenerse en el peso normal para la estatura y la edad de la persona (las rodillas soportan el peso del cuerpo) y usar el calzado y la ropa indicada para cada deporte.

Cómo se puede lesionar la rodilla

El dolor puede indicar tanto un proceso inflamatorio como una lesión; para identificar de qué se trata es preciso consultar al médico, a la emergencia ante el primer síntoma y luego al traumatólogo si es necesario continuar la revisión.

Las lesiones más frecuentes son tendinitis (inflamación de los tendones), rupturas tendinosas, rupturas de ligamentos o rupturas de los meniscos. También pueden producirse procesos degenerativos propios del envejecimiento o ciertos deportes como son las lesiones osteocondrales (que pueden derivar en artrosis).

A qué prestar atención

Si siente dolor o inestabilidad, es importante no dejarlo pasar y consultar al médico para descartar o diagnosticar un problema.

Con una observación clínica el profesional tendrá una presunción de diagnóstico y te indicará cómo tratarlo y qué seguimiento tenés que hacer. Si es una inflamación podrá indicar descanso con aplicaciones de hielo para reducirla y si es algo más, te pedirá radiografías u otros estudios de imagen para ver la articulación, los tejidos y huesos.

Los tratamientos más usados para aliviar el dolor de rodilla suelen ser la colocación de hielo sobre la zona afectada, que actúa como antinflamatorio. El médico puede recetar medicamentos antinflamatorios, indicar sesiones de kinesiología para recuperar el movimiento y tratamientos locales.

Si hay lesiones más profundas como las de menisco, ligamentos u osteocondrales, se suelen tratar con cirugía. Actualmente las técnicas que se utilizan son las mínimamente invasivas como la artroscopía que se hace en el día y sin necesidad de internación.


Tres alimentos para tratar la artritis, según estudios científicos26/09/2019

Hoy la ciencia afirma el gran beneficio de los alimentos sobre las articulaciones y las enfermedades inmunes.
 


Naranja

La evidencia científica indica que los antioxidantes llamados carotenoides en la naranja, protegen contra el daño oxidativo, aquel que produce la inflamación de la artritis.

Dentro de las frutas cítricas, es la naranja la única fruta más importante y que muestra una relación inversa con la artritis reumatoide. 

Especialmente se observó que el aporte en la dieta de un carotenoide llamado beta criptoxantina presente en la naranja y que puede incluirse en la alimentación a partir de un vaso de jugo de naranja recién exprimido al día reduce la inflamación en la artritis reumatoide. 

En caso de que sufras de diabetes será mejor que consumas la naranja entera gracias a que conserva su fibra y evita el aumento del azúcar. 

Los antioxidantes presentes en la naranja captan los radicales libres, sustancias que dañan los tejidos e inhiben el daño oxidativo que estos pueden producir, evitando el desarrollo de la inflamación. 

Un contenido elevado de carotenoides en sangre como la beta criptoxantina y zeaxantina, beta caroteno que obtienes de la naranja se han relacionado inversamente con la concentración de la proteína C reactiva asociada con la inflamación en la artritis cuando se encuentra elevada. 

Los pacientes con artritis suelen contar con un agotamiento de antioxidantes lo cual se relaciona con la inflamación por lo cual su aporte en la dieta a partir de frutas y vegetales es necesario. 

Se observó que la obesidad está negativamente relacionada con la concentración de beta criptoxantina y se asocia con la proteína C reactiva, lo cual indica que un alto consumo de carotenoides también disminuye el riesgo de obesidad evitando las complicaciones de la obesidad como la inflamación y el aumento del dolor de la artritis. 

Podemos concluir que el consumo de alimentos con alto contenido en carotenoides y otros antioxidantes durante la enfermedad inflamatoria temprana de las articulaciones disminuye el riesgo de progresión de la enfermedad y el daño articular. 


Col

Las investigaciones indican que las verduras crucíferas que incluyen la col muestran una asociación inversa con la artritis. Un mayor consumo de col gracias a sus componentes activos disminuyen la inflamación en el cuerpo.

El col cuenta con vitaminas antioxidantes y fitoquímicos entre los que se destacan los isotiocianatos e índoles.

La reducción de la inflamación se evidencio al encontrarse concentraciones más bajas de factor de necrosis tumoral alfa e interleucina 1Beta e interleuquinas 6 entre mujeres con altos consumos natural de este vegetal como son las mujeres orientales. 

La disminución de estos indicadores se encontró en un 13% para el factor de necrosis tumoral, 18% para la interleucina 1Beta y 25% de interleuquina 6. Recordemos que estos indicadores se asocian con inflamación cuando se encuentran elevados. 

Se ha evidenciado también que la expresión de algunos genes puede fomentarse por los isotiocianatos lo cual permite regular las defensas frente a la inflamación y el estrés oxidativo. 

Seguramente te preguntes qué tipo y variedad de col elegir, en este sentido una investigación ha evaluado el contenido de antioxidantes según el color y variedad. El col rojo se identificó con el de mayor contenido de antioxidante, seguido por la col rizada, la china y la verde en ese orden. 

Sin embargo, en cuanto a la acción antiinflamatoria el col chino y verde se destacaron, estas variaciones de deben a que cada col cuenta con distintos tipos de fitoquímicos. Es decir que el col rojo tiene mayor poder de protección frente al daño articular y el col chino reduce la inflamación y en conjunto combaten la artritis. 

Es importante destacar que el contenido de isotiocianatos en el col, y especialmente en el col chino evaluado científicamente se reduce si se somete a temperaturas frías de almacenamiento como puede ser el refrigerador o a elevadas como la cocción, por lo cual se afecta su aporte nutritivo en antioxidantes y enzimas para curar la artritis. 

Estos mismos beneficios puede lograrse si se consumen otros vegetales crucíferos como el brócoli, repollitos de Bruselas y coliflor. 


Apio

Diversos estudios refuerzan las propiedades medicinales no solo en la artritis reumatoide, sino también en la artritis gotosa. El apio posee virtudes beneficiosas para reducir la inflamación, la sensibilidad y el dolor las cuales se deben a la presencia en su composición de un flavonoide llamado apigenina.



El apio es ligeramente sedativo y cuenta con efecto calmante sobre el sistema nervioso, lo cual resulta útil para disminuir la ansiedad, promover la relajación y mejorar el ánimo y el hábito nocturno del sueño dado que los trastornos del sueño suelen estar presentes en personas con artritis. 

Asimismo es un alimento que se destaca por su alcalinidad, que actúa colaborando a neutralizar los ácidos del cuerpo, lo que es importante si consideramos que para curar la artritis optimizar la digestión es fundamental para que tu cuerpo acepte los nutrientes que le aportas. 

Es frecuente y recomendado la utilización del apio como jugo que es fácilmente aceptable y utilizable por el cuerpo para aliviar la inflamación. 

El apio cuenta con cantidades ideales de hierro y magnesio, colaborando en el manejo de la anemia común en la artritis y aliviando los dolores gracias a las propiedades del magnesio en la relajación muscular y nerviosa. 

Aún más, el consumo de apio se ha comparado con el empleo de el metotrexato, un medicamento frecuentemente utilizado para la artritis reumatoide y se comprobó que su empleo puede lograr resultados similares al metotrexato sin los efectos secundarios indeseables de este fármaco.

Las personas con artritis deben evitar los alimentos que causan alergias, intolerancia o sensibilidades. 

Estas condiciones varían de persona a persona, por lo tanto si presentas un malestar después de consumir alguno de estos tres alimentos suspende su consumo 

Sigue el consejo de las especialistas de nutrición y utiliza estos tres alimentos que contienen propiedades medicinales para aliviar la artritis, científica y experimentalmente comprobadas. 


Trastornos de la salud más frecuentes en otoño24/09/2019

Otoño es una estación de cambios importantes en nuestro entorno: las temperaturas bajan, la humedad aumenta en el ambiente, la presión atmosférica disminuye y el día cada vez se hace más corto. Además, la naturaleza languidece a nuestro alrededor con colores pardos y anaranjados mientras que el cielo se muestra cada vez menos azul. 

Todos estoy cambio acaban repercutiendo tanto en nuestro estado de ánimo como en nuestro sistema inmunitario y nuestro metabolismo, lo que puede dar lugar a una serie de trastornos que si bien no son claramente estacionales, sí son más frecuentes en esta época del año. Este artículo describe ocho de estos trastornos otoñales y explica cómo combatirlos.

1. Gripe y resfriados

Como ya hemos explicado en este artículo, la gripe y los resfriados aumentan a partir del otoño por la mayor resilencia de los virus en el aire frío, la bajada en la frecuencia de ventilación de las casas, aulas, etc. -que hace que se acumulen los gérmenes-, y la inmunodepresión que nos provoca la bajada de horas con luz solar y la exposición a cambios de temperatura bruscos.

La mejor forma de combatir la gripe y los resfriados es seguir ventilando las casas, especialmente si viven niños, lavar la ropa de cama con frecuencia, evitar los cambios bruscos de temperatura y procurar exponerse a la luz solar cada día, además de tener una dieta variada en vegetales y rica en proteínas y grasas, también de origen animal.

2. Neumonía

Como consecuencia de gripes mal curadas, que crean lesiones en el tracto respiratorio por culpa de la violencia de los estornudos, y también por la inmunodepresión debida a los días más cortos, la probabilidad de contraer infecciones pulmonares bacterianas aumenta. Lo mejor para prevenirlas es estar vigilante siempre a las expectoraciones de las personas enfermas de gripe por si aparecen amarillentas y verdosas, lo cual sería señal de infección bacteriana, mucho más preocupante que una gripe. 

 

3. Asma

El aire frío y húmedo irritan nuestras vías respiratorias y las personas propensas a problemas alérgicos pueden verse afectadas por periodos de asma. A ello hay que sumarle en ambientes muy cerrados y húmedos la presencia de ácaros del polvo, otro factor de irritación.

También en las zonas rurales, los abonados de los campos de cara al reposo invernal con compost son un frecuente detonador del asma. La mejor solución es tener la garganta permanentemente hidratada con caldos y bebidas calientes y no descartar las saunas de vapor. 

4. Dermatitis

De nuevo los ácaros del polvo son los responsables de problemas en la piel debido a su proliferación en ambientes húmedos, calientes por calefacciones y poco ventilados. Sobre todo en las habitaciones y más cuando hay alfombras y moquetas, pueden crear dermatitis -que se pueden complicar por infecciones bacterianas- a las personas alérgicas, especialmente si llegan a pijamas o sábanas. La solución es ventilar bien y pasar la aspiradora con frecuencia.

5. Enfermedades reumáticas

Las enfermedades reumáticas son un grupo muy alto de trastornos de dolor que afectan a las articulaciones de las personas cuando hay cambios de presión atmosférica, algo que ocurre con mucha más frecuencia en otoño. Las soluciones son complejas cuando existen, pero lo mejor es buscar junto a un médico sistemas sostenibles para calmar los dolores.

6. Astenia otoñal

Este es el único trastorno psico-físico descrito en el presente artículo. La astenia otoñal ha sido muy discutida como trastorno psicológico y su denominación como 'depresión otoñal' ya no se acepta. Sin embargo, en los últimos años se la ha situado más en el campo de las fatigas y melancolías de origen exógeno, provocadas por la disminución de las horas de luz solar y sus consecuencias en el aumento de producción de la hormona melanina. 

La melatonina, que se produce en mayor cantidad en las horas de oscuridad, es responsable, entre otras cosas, de que conciliemos el sueño. Pero mayores niveles plasmáticos de melatonina no afectan a todas las personas por igual, ya que mientras a unas la astenia les puede aumentar una depresión preexistente, para otras puede implicar un efecto sedante que les proporcione una mayor estabilidad emocional.

7. Úlcera péptica

La mayor parte de las úlceras pépticas o de estómago se producen por la infección de la bacteria Helicobacter pyroli y solo un 5% son dadas por el abuso de antiinflamatorios. Se desconoce por qué, pero el otoño es una época propicia a la actividad de esta bacteria y, además, por causa de resfriados y dolores musculares y articulares, se dispara el consumo de antiinflamatorios. Todo ello redunda en un repunte de los casos de úlcera.

8. Deficiencia de vitamina D

Si no se cuida la dieta pueden faltar todo tipo de vitaminas durante todo el año, pero especialmente en otoño repunta la avitaminosis por vitamina D, debido a que progresivamente nos vamos exponiendo menos al sol. La luz solar es la principal fuente de su producción, al propiciar los rayos solares sobre la piel la ruptura de una molécula de colesterol.

La falta de vitamina D puede derivar en problemas anímicos, inmunitarios, artríticos, etc. Es decir que puede aumentar el riesgo de padecer los otros trastornos antes descritos. La solución sin duda es comer alimentos que contengan colesterol -como grasa animales, aguacates, bananos, huevos, etc.- y tomar el sol al menos 20 minutos al día. 


Descubren un nuevo órgano del dolor17/09/2019

Las células nerviosas no serían las únicas responsables de procesar y distinguir el dolor. Habría otras células que colaborarían en ello.

Así lo asegura el profesor Patrik Ernfors, del Instituto Karolinska de Suecia, en su nuevo trabajo publicado en la revista Science: un órgano formado por una malla de largas protuberancias de células gliales ayudaría a distinguir y procesar el dolor. Se trata de células no-neuronales, aunque sí tienen una estrecha relación con el sistema nervioso central, como funciones de protección y nutrición, entre otras.

Este nuevo órgano, desconocido hasta el momento, controlaría la forma en la que sentimos el dolor, e incluso podría ser una nueva vía de tratamiento para el mismo en el futuro, dado que el uso de fármacos opioides como forma de tratamiento del dolor crónico se está convirtiendo en un nuevo problema en lugar de una solución.

Se sabe que la piel humana no solo informa sobre dolor, sino también diferencia los orígenes del dolor y la forma de sentirlo cuando envía mensajes al sistema nervioso. Es posible diferenciar el dolor de una quemadura, una contusión o un pinchazo con un objeto afilado. Todos estos dolores tienen células nerviosas asignadas capaces de discernir entre uno u otro tipo. Pero no se conocían todas.

Según Ernfors, las células gliantes tendrían algo que decir al respecto. Hasta ahora, se creía que la capa protectora creada por estas células, rodeando a los nervios sensoriales, terminaba en la capa externa de la piel. Sin embargo, Ernfors y sus colegas descubrieron que estas células extienden sus "tentáculos" hasta la superficie de la piel, pudiendo responder a presiones externas.

Para su estudio, Ernfors y sus colegas usaron estimulación optogenética para desencadenar respuestas de estas células en las almohadillas de los pies de los ratones. En dicha estimulación lo que se consigue son respuestas de células modificadas genéticamente a impulsos de luz.

En este caso, los ratones reaccionaron como su sufriesen dolor leve, retrayendo la piel y lamiendo el punto estimulado. Al bloquear la transmisión de señales hacia este órgano glial, se redujo la sensibilidad a la estimulación mecánica de la piel, pero no se produjo ningún efecto sobre la respuesta al frío por ejemplo, lo que confirmaría el papel de las células gliales frente a presiones externas sobre la piel.

Según Ernfors y sus colegas, este trabajo demostraría que la sensibilidad al dolor no depende exclusivamente de las células nerviosas de la piel, sino que habría algo más, como el caso de la malla de células gliales formando un órgano aún sin nombre. Por desgracia, aún no se puede confirmar que este órgano exista también en los humanos, aunque se sabe que todos los órganos sensoriales de los ratones también existen en los seres humanos, por lo que se sospecha que sí podrá detectarse en nuestra especie.

Actualmente las causas y las formas de transmitir el dolor en el ser humano son complejas y en gran parte desconocidas. Por ello, muchos analgésicos pueden provocar mejoras en determinados casos de dolor, pero también efectos adversos indeseados. Cuando se toman analgésicos en exceso, con el objetivo de paliar dicho dolor, las consecuencias pueden llegar a ser fatales, por lo que actualmente es primordial usar alguna alternativa terapéutica sin dichos efectos adversos.



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