PERIOSTITIS TIBIAL09/08/2017

 

Este mes analizamos la periostitis tibial (lesión típica del atleta). Todas las lesiones que aquí exponemos son consultas habituales en nuestras clínicas y aplicamos la experiencia que nos dan estos casos para exponer tanto el cuadro sintomatológico, el tratamiento de base en FISIOLIFE así como el pronóstico de recuperación.

 

¿Qué es?

La periostitis como su nombre indica es la inflamación del periostio. Normalmente se localiza en la cara interna de la espinilla que cursa con dolor e impotencia funcional. 

 

¿Qué es el periostio?

El periostio es una vaina fibrosa que se encuentra alrededor de los huesos y que contiene gran irrigación sanguínea y grandes terminaciones nerviosas. Pegado al periostio encontramos los músculos, por ejemplo en el caso de la tibia, el gemelo, el soleo, el tibial posterior, anterior y los flexores.

Cuando se produce una lesión o dolor en el periostio se debe, la mayoría de las veces, a la tracción que ejercen los músculos sobre esta vaina. También puede ser muy doloroso recibir un golpe, precisamente por la gran cantidad de terminaciones nerviosas que recorren el periostio. Es usual que tras el golpe quede sensación de pérdida de sensibilidad en zonas adyacentes, o incluso que el dolor dure varios días.


 

¿Por qué se produce?

Son muchos los corredores que atribuyen su lesión a una sola causa, por ejemplo las zapatillas. Esto es un error porque si bien una zapatilla inadecuada puede ser causante directa de una periostitis como dice el refrán “ni están todos los que son, ni son todos los que están”.  Las lesiones hay que entenderlas en un contexto concreto y un corredor puede lesionarse aunque lleve la mejor de las zapatillas. La periostitis como otras lesiones tiene su origen en:

1- Superficie de entrenamiento inadecuada. Llámese asfalto o cualquier superficie endurecida.

2- Escasa o nula preparación muscular del individuo. Eso, que el gimnasio y los ejercicios también existen.

3- Volumen y/o intensidad inadecuadas. Entrenar más de la cuenta o con más intensidad o incluso variar la carga de entrenamientos de una manera brusca nos puede llevar a la periostitis.

4- Defectos biomecánicos. El exceso de pronación, la forma de nuestro pie (sobre todo si es cavo) y otros defectos de carga pueden ser causa directa de periostitis.

5- Calzado inapropiado. Escasa amortiguación o falta de estabilidad provocan periostitis.

6- Escasos o nulos hábitos de tratamiento muscular. No acudir nunca al fisioterapeuta puede salir caro, no estirar, etc.

7- Hábitos de vida poco saludables. Trabajar de pie, el estrés, mala alimentación, conducir muchas horas, etc. puede asociarse a diversas lesiones.

 

Síntomas.

Dolor intenso en la cara latero-interna de la espina tibial. Se presenta en ocasiones acompañado de fuertes calambres y grandes sobrecargas en la musculatura adyacente. El dolor es recurrente y se agudiza con la práctica deportiva pero mejora sensiblemente con el reposo.

 

Tratamiento en FISIOLIFE.

1-    Primeras 48-72 horas: Crioterapia cada 3-4 horas (aplicación de frío) y reposo deportivo total.

2-    A partir de las 72 horas: inicio del tratamiento de fisioterapia y/u osteopatía. Masaje transversal tipo Cyriax, movilizaciones y estiramientos suaves, aplicación de ultrasonidos en modo pulsante, terapia manual.

3-    Cuando el dolor haya remitido, iniciaremos la fase de  recuperación de la fuerza-potencia-resistencia y flexibilidad de los músculos y tendones afectados en la extremidad inferior. En esta fase también trabajaremos la propiocepción.

Después de los tratamientos efectuados, la vuelta a la rutina deportiva será, como es lógico, progresiva. Lo ideal es hacerla después de revisar el calzado que utilizamos y el nivel de las sesiones de entrenamiento previstas. Un podólogo cualificado puede realizar un estudio de la pisada y un análisis de carrera.

Se puede incluir como terapias adyacentes ganchos miofasciales y punción seca para aliviar la hipertonía de la musculatura flexora y combinar con kinesiotaping y medias de compresión el inicio progresivo de la actividad deportiva.

 

Pronóstico y evolución.

La evolución suele ser positiva y en nuestras clínicas se trata con notable frecuencia. La remisión del dolor no suele ser superior a 1 semana en función del grado y la mejora completa oscilará entre 1 y 4 semanas dependiendo de qué originara la lesión y  también de la posibilidad de limitar la actividad que causaba la lesión. El número de sesiones que recomendamos se sitúa entre 3 y 10 sesiones con una frecuencia de 2-3 veces por semana.

 

Nuestra experiencia nos dice que este tipo de patología suele ser recurrente por el tipo de actividad deportiva que la persona practique, pero con el tratamiento fisioterapéutico adecuado suele disminuir el riesgo de prolongarse en el tiempo y de esta manera permitir que el ejercicio sea saludable y sin dolor.

 

David Antúnez Carril.
Fisioterapeuta
Nº col: 37-1409 

 


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